Un paseo demasiado largo III

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Resumen: Sofía y Joaquín se embarcan en un viaje para limar asperezas, cosa que logran... pero pronto se verán envueltos en una aventura.

El viento que los había empujado desde la marina Port Vell había cambiado, convirtiéndose en ráfagas furiosas, haciendo inútil y hasta peligroso conservar el velamen. Entre ambos arriaron las velas. Mientras Joaquín trataba infructuosamente de echar andar el motor, le daba indicaciones a Sofía, quién había tomado el timón.
-¡Gira a babor! ¡Buscaremos refugio en la rada de Cubelles!
Sin embargo la peculiar neblina los alcanzó antes de llegar a la costa. Joaquín suplantó a Sofía en el timón y ella se dedicó a transmitir por radio la última posición al Guardacostas.
Pero pronto quedó en claro que estaban a merced de los elementos.
Envueltos en la extraña luminosidad, sin compás, sin GPS, solo estática en la radio. Incluso a la mujer le pareció ver dos soles en el cielo, esto antes de perder la noción de babor y estribor, arriba y abajo.


Por momentos el “Macarena” era elevado por los aires a causa de alguna ola furibunda y momentos después parecía hundirse en una oscura sima. El cielo, despejado cuando empezaron a besarse, se convirtió en un calidoscopio de luces y nubes. Los rayos caían cerca del velero.
Hicieron lo único prudente, meterse en el camarote y ponerse los chalecos salvavidas. Esperaron abrazados.

¿Cuánto tiempo duro esto? Tal vez algunos minutos, pero a la pareja le parecieron días. Tomados de la mano, abrieron la escotilla y subieron a cubierta. La calma era total. Las olas mortíferas habían cesado, así como los rayos. La neblina se había disipado por completo y soplaba una leve brisa. Rápidamente, trataron de ubicarse. El compás había vuelto a funcionar no así el GPS.
-¿Estás herida?
-Solo en mi amor propio. El susto que ligué fue tremendo.
-También yo, no te vayas a creer. ¡Que tormenta del carajo, joder! Nunca vi nada semejante. Tan repentina…
-Joaquín, esto no fue una tormenta. Aquí ha pasado algo raro. El cielo y esa niebla, bueno chaval, que no soy una marinera hecha y derecha, pero no me digas que fue una tormenta…
-Si, tienes razón, además el maldito GPS sigue muerto y en la radio no hay más que puta estática.
-Mira, la portátil esta igual, nada, ni en AM ni en FM, como si no se hubiese inventado el radio aún. Y ni hablar del celular, “sin señal”.
-Jo! No os preocupéis, mira, allí está la costa, ya verás que pronto nos encontraremos en Cubelles, saboreando una rica paella.

Mientras rumbeaban hacia la costa, Joaquín y Sofía especularon sobre el fenómeno. ¿Una bomba atómica? ¿Una erupción solar? ¿Un pulso electromagnético?
Una hora después, navegando siempre paralelos a la costa, no pudieron encontrar la marina de Cubelles, ni siquiera ningún rastro de edificación. En la radio solo estática.
Se dirigieron hacía el norte, de vuelta a Marina Port Vell, con el hombre al timón y la joven rubia transmitiendo un SOS en todas las frecuencias.

continuará...

Un paseo demasiado largo II

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Decidieron aprovechar el primer sábado del verano en el pequeño barco, para pasar el día navegando. Joaquín se ofreció a pasarla a buscar por su coqueto apartamento en el barrio Montjuic, pero Sofía no aceptó, ya que consideró que si la cosa se ponía "pesada", sería mejor tener su propio coche a la mano. A las 7:30 en punto, radiante como una valkiria, con un bolso al hombro y su notebook en mano, subió al velero, ayudada por Joaquín.

La mañana estaba espléndida. El “Macarena”, tal el nombre del velero, era muy marinero y todo fue de maravilla.

Mientras se alejaban de la costa, con Joaquín al timón, Sofía preparó sendas tazas de té bien cargado y unos biscochos secos.

Una vez establecido el rumbo (sur-suroeste), prepararon sus respectivas notebooks y se pusieron a trabajar. Minutos después ya estaban discutiendo acaloradamente. Sofía estaba diciendo algo referente a la logística y el almacenaje cuando él la atrajo así si y la besó apasionadamente. Ella sin dudarle le correspondió. En un momento Sofía lo empujó, cosa que sorprendió a Joaquín, pero fue para desnudarse rápidamente a si misma. Comenzaron a hacer el amor en cubierta, a la vista de una bandada de gaviotas mediterráneas bastante alborotadas.

Las manos y las lenguas recorrieron los cuerpos bien formados de ambos, con la urgencia de dos que se han deseado por demasiado tiempo. Continuaron en una de las cuchetas…

-¿Quieres un café? –Preguntó Joaquín mientras le acariciaba la espalda.

-Vale.

-Porque no subes a cubierta, te asoleas un momento mientras lo preparo.

Sofía solo vestida con la parte inferior de la bikini y unos lentes oscuros, se acomodó en cerca del mástil dispuesta a disfrutar del sol veraniego. Pero pasados unos minutos algo llamó su atención. Se sacó los anteojos y parpadeó. Algo andaba mal con la luz. Miró hacia el cielo y lo notó de un color indefinido, entre gris, celeste y lila, pero no uniforme, sino “¿Marmolado?” pensó intrigada Sofía. Al mismo tiempo, una extraña niebla se perfilaba en la lontananza.

-¡Oye, Joaquín, ven a ver esto!

El andaluz salió con una taza de humeante café en cada mano.

-¡Joder, que está raro el cielo! Mira Sofía, el compás ha enloquecido.

Efectivamente, la aguja del instrumento giraba locamente.

También el GPS y las computadoras se comportaban en forma anómala, como si un virus informático se hubiese adueñado de ellas, por lo que optaron por apagarlas.


continuará...

Un paseo demasiado largo I

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Hola, volví a escribir un cuento, espero que les guste, gracias.

Le dio una larga pitada al último Benson & Hedges, tomó lo que quedaba del cigarrillo entre el pulgar y el índice y lo arrojó por encima de la borda. La colilla describió una parábola y con un fizzzz se apagó al tomar contacto con el agua. Sofía la miró durante un momento, meciéndose en el mar al vaivén de las olas, alejándose del velero que se había constituido en su único hogar.

“Ahora si dejé de fumar” pensó Sofía y rió amargamente. Volvió su atención a las improvisadas líneas de pesca. Hasta ahora, la suerte le había resultado esquiva, pero era prioritario pescar algo, ya que la comida enlatada y los snacks no durarían para siempre. Temía bajar a tierra y encontrarse con los “otros”, por lo tanto debía pescar.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que partió de la Marina Port Vell, uno de los puertos de Barcelona? “A ver, hoy es Martes”, tan solo cinco días la separaban de su vida anterior. Bien podían haber transcurrido cincuenta mil años.

Todo comenzó como una excursión, un paseo en el velero de Joaquín. Él y Sofía son (eran) compañeros y adversarios en una compañía catalana de exportación e importación, desde hacía solo unas pocas semanas. Ella era encargada de Compras y Joaquín el jefe de Ventas. Ya en la primera reunión de trabajo chocaron; Sofía reclamando que Ventas no se comprometiera con los clientes sin avisar a Compras, Joaquín, presionado por la Gerencia General, pidiendo celeridad a Compras. Ella es una belleza del tipo escandinavo, Joaquín un morocho, andaluz de cabo a rabo.

-Luis, este tipo es un gilipollas. -estalló un día Sofía frente al señor Rodríguez, su inmediato superior. Luis Rodríguez había llegado desde Argentina en los “años de plomo” de la dictadura militar. Se puso a trabajar duro, como queriendo llenar el tiempo lejos de su hogar. Hoy, con solo 50 años, y siendo uno de los capos máximos, estaba a punto de retirarse, aquejado de un puto cáncer, y había nombrado a Sofía su sucesora, su “Delfina” como le solía decir.

-Vení piba, oime bien, prestame mucha atención. –a pesar de los años lejos de su Buenos Aires querido, siempre afloraba algún término porteño, sobre todo cuando se enojaba o como en este caso, cuando quería transmitir algún mensaje importante, como un sabio maestro dirigiéndose a un discípulo. Abriendo la ventana del lujoso piso barcelonés, prendió un cigarrillo, a pesar de las prohibiciones de fumar en el ámbito laboral. Sofía reprimió el impulso de retarlo, pero un poco de tabaco no haría diferencia en la menguada salud del hombre, a quién quería como un padre.
-Con todo el respeto que me merecés, no tomes a mal lo que te voy a decir. Me parece que ustedes dos están recalientes y hasta que no se encamen la cosa seguirá jodida. La tensión sexual se corta con un cuchillo.
Dicho esto, el veterano se dio media vuelta y se puso a mirar el tránsito, 20 pisos más abajo.
La primera reacción de Sofía fue gritar y arrojarle un pisapapeles a su jefe. Pero contó hasta 10 (en realidad hasta 20) y meditó sobre el asunto. Así surgió la idea de una salida con Joaquín, un after-office para limar asperezas. Fue él quién, a pesar de la sorpresa inicial, sugirió salir a navegar por el Mediterráneo.

continuará...

Falta poco.

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Pronto, otro relato mostro.

Vigilia

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1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, media vuelta.
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, media vuelta.
Hay otros como yo, vigilando.
Quedamos pocos.

Cuestión de piel

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La fragata "Traveling bold" de la Esfera Cultural Terrestre emergió al espacio normal más allá de la nebulosa del Dragón. El capitán Dagr Niflheim trataba de ocultar su nerviosismo, sin lograrlo del todo. Los terrestres ignoraban si estaban en espacio p'laj o no y cualquier precaución era poca.

- Seguridad, ¿alguna señal?
- Negativo, continuo rastreando.
- Cambiar a alerta amarilla.
- A su orden.

La guerra contra los p'laj, "los otros" duraba ya doce años. Se sabía poco de ellos, excepto que no daban ni pedían cuartel y eran terriblemente xenófobos. Jamás tomaban prisioneros o se rendían. El análisis de sus comunicaciones solo había conseguido decodificar una centena de palabras. Su tecnología indicaba un grado de avance levemente inferior al de la mancomunidad humana, que compensaban con su ferocidad. Las autopsias revelaban seres, a mitad de camino entre reptiles y mamíferos, ovíparos y hermafroditas.
La misión de la "Traveling bold" y de otras naves semejantes, era tratar de delimitar el espacio p'laj, rehuyendo el combate de ser posible.

- Astronavegación a puente.
- Aquí puente.
- Hay un sistema planetario en las cercanías, invisible desde el sistema solar a causa de la nebulosa. Está compuesto por siete, no, rectifico, por nueve planetas. ¡Felicitaciones capitán! Astronavegación fuera.

El rubio y alto Dagr Niflheim sonrió. Como comandante de la nave, el capitán tenía el derecho a bautizar la nueva estrella y sus planetas. Pensó un momento, mientras no dejaba de controlar los informes de las distintas secciones que le iban llegando.
Finalmente, su origen escandinavo se impuso y tecleó en su consola los nombres de los cuerpos celestes recién descubiertos. Se basó en la mitología nórdica. Según esta, Yggdrasil era el árbol de la vida, un fresno perenne cuyas raíces y ramas mantienen unidos los diferentes mundos: el Asgard, el Midgard, Hel, etc. De su raíz emana la fuente que llena el pozo del conocimiento, custodiado por Mimir.
Así que bautizó Yggdrasil a la estrella y a los planetas los nombró:
1. Helheim, el Reino de los muertos.
2. Svartálfaheim, el Reino de los elfos oscuros
3. Niflheim, el Reino oscuro.
4. Jotunheim, el Reino de los gigantes.
5. Midgard, el Reino de los Hombres.
6. Vanaheim, el Reino de los Vanes.
7. Alfheim, el Reino de los elfos de la Luz.
8. Asgard, el Reino de los Dioses.
9. Muspelheim, el mundo primordial de fuego y hielo.

- Comunicaciones, transmita a la Base Lunar nuestras coordenadas y los nombres que he ingresado. No se demore, eh? -pidió secamente el capitán.
No le gustaban los "sudacas" y lo demostraba en el trato, pero no dependía de él tenerlos a bordo.
- A su orden -contestó el teniente Pancracio Farías.

"Que tipo jodido este rubio. Siempre nos ladra. Con los europeos y los norteamericanos no es así. Ya me tiene las bolas llenas." Pancracio hizo un recuento mental de todos las veces que el capitán se dirigió a los latinoamericanos abordo y siempre, siempre usó unos modos prepotentes. "Que se vaya a la mierda". Pensó en lo que su abuelo le había enseñado, allá en la lejana Corrientes, mientras pescaban en los esteros del Iberá. Y procedió a modificar lo tecleado por el capitán Dagr Niflheim:
Estrella: Tupá, el dios supremo.
Planetas:
1. Tatachina, la neblina primigenia.
2. Ñamandú, los vientos originarios.
3. Ñanderuguasu, Nuestro Padre Grande.
4. Yeguaka, diadema de flores y plumas.
5. Ayvú, la Palabra Creadora.
6. Ñanderu py'a guasu, Nuestro Padre de Corazón Grande.
7. Karaí, el poniente.
8. Yvy Tenonde, Tierra Primera.
9. Yvága, Morada eterna.

El teniente Farías sonrió satisfecho y pulsó "Enviar".

La triste historia de Refucilo

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¡Triste la historia del Refucilo Sánchez!
Resulta que el Refucilo vive solo, en una humilde chacra cerca de Martinetas, provincia de Buenos Aires. Una vez a la semana (los viernes) visitaba el poblado, intercambiaba sus productos y se juntaba con otros parroquianos en el almacén de ramos generales "La Llorona", propiedad de Anselmo Ustarrisqueta, donde se tomaba unas ginebras y jugaba unas partidas de truco.
Un viernes, hasta ese momento igual a todos los anteriores, entró al boliche un minón infernal, 1,80 sin tacos, el cabello renegrido hasta la cintura, labios de carmín y unas ubres que pa que le cuento!
Todos quedaron obnubilados. Incluso alguno derramó la bebida, cosa impensable en otro momento.
La celestial criatura saludó con un lacónico "Buenas noches" a la concurrencia y sentó en la mesa del rincón menos iluminado. Anselmo se acercó, escuchó el pedido, volvió al mostrador y le sirvió una botella de vermouth y una picada, consistente en longaniza, queso y aceitunas verdes.
-A que no te animás a sentarte con ella - lo chuceó al Refucilo el Nildo Giménez, siempre buscando bulla.
-Que no me voy a animar - fue la respuesta de nuestro héroe.
-¿Y si te animás por qué no vas de una vez?
Y ahí nomás, Refucilo Sánchez, vaso de ginebra en mano, se levantó y enfiló derecho hasta la mesa de la desconocida.
Para sorpresa de todos, luego de intercambiar algunas frases inaudibles para el resto, la desconocida invitó a Refucilo a sentarse, con un gesto de la mano.
Durante horas charlaron (y eso que el Refucilo no era hombre de muchas palabras). Finalmente, el infausto Refucilo dejó unos billetes arrugados sobre la mesa, se levantaron y subiendose a la chata, abandonaron el pueblo, rumbo a la chacra.
Durante el traqueteado viaje, Refucilo intentó una y otra vez de meter mano en la entrepierna de la dama, pero ella, medio en broma, medio en serio, le cortaba el avance. Esto no hacía más que excitar más y más al gaucho.
Apenas llegaron, el solitario Refucilo abrió una botella. La muchacha (Karen Cinthya dijo llamarse) casi no tomó.
La tensión iba en aumento, el Refucilo, empingado como nunca, toma a la joven y entre vahos etílicos y torpes besos y manotasos, le arranca la blusa, quedando al descubierto dos tremendas tetas. Mete mano el Refucilo, tratando de llegar al "nido" pero ...
No, no, por atrás!
Esto provocó que la calentura de nuestro semental se elevara aún más. Y ahí nomás, sobre la mesa del rancho, se consumo el acto. Y luego otra vez, incluso una tercera.
Cae nuestro heróe rendido sobre la cama y se duerme.
Se despierta por un terrible dolor anal.
Inútiles fueron sus esfuerzos.
La vil criatura era más fuerte que él.
Cuando al fin saciada de sus bajos instintos, Karen se le baja, logra voltear Refucilo y ver con horror que "la" Karen era en realidad "él", y que tenía un miembro grande como morcilla vasca.
El travesti se fue, con la promesa de volver.
Refucilo espera.

Fantasma

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Me sorprendió ver al fantasma. Principalmente porque no creía en ellos.
Además siempre pensé que los fantasmas, de existir, serían cosas de Europa, de lugares con mucha historia.
Pero como soy un pragmático, comencé a bombardearlo a preguntas:
¿Duele morir? ¿Hace mucho que es fantasma? ¿Siempre estuvo así? ¿Existe el cielo, el infierno, dios? ¿Todos los muertos se hacen fantasmas? ¿Yo seré fantasma? ¿Se juntan con otros fantasmas? ¿Se entiende un fantasma ruso con uno chino? ¿Cuantas clases de fantasmas existen? ¿Hay alguna especie de gobierno fantasmal? ¿Se enferman? ¿mueren? ¿Se aburren? ¿Comen, cagan, garchan?
Lo incordié.
El pobre fantasma (Don Rodrigo Fernán de Bazlueta, hidalgo pobre que arribó a América con Pedro de Mendoza, pensando en encontrar fama y fortuna y solo halló penurias y flechas querandíes) se hartó de mí y así como vino, desapareció.
Como soy un pragmático, atribuí la visión a hecho de haber aspirado accidentalmente una mezcla de NH3 y lavandina. Lo etiqueté como "alucinación" y me olvidé del asunto.

Relatos de la plaga - V de Beatriz

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Estamos parapetados en la terraza, Saldeña, Pitu, el viejo y yo.
Le hago una seña con la cabeza a Saldeña y este levanta el palo con una cabeza de tergopol
en la punta. La cabeza tiene una peluca. Es un señuelo pobre pero da resultado. Desde la vereda de enfrente una bala impacta en la cabeza. Todo pasa muy ràpido, pero me da tiempo de ubicar al francotirador y le meto un tiro entre ceja y ceja.
-¡Eeesaaaaaa!
-¡Bien ahí! - me felicitan Saldeña y los otros.
Parece mentira. Antes de la plaga yo era un simple dentista, ahora soy tirador experto.
El truco del señuelo para ubicar al "sniper" enemigo lo aprendí en una vieja pelìcula sobre la Segunda Guerra, creo que ambientada en Stalingrado.
Parece mentira. Antes de la plaga eramos vecinos en la misma ciudad, hoy somos enemigos
acérrimos, que luchamos por víveres, combustible y por este pedazo de tierra cultivable que supimos conseguir.
A la hora se reanudan los disparos y vemos correr hacia nuestras barricadas a una mujer.
Contestamos el fuego para darle tiempo. La mujer es recibida por los nuestros. Cesan los tiros.
Bajamos a ver de que se trata.
Es una rubia de unos 35 años está shockeada y tiene algunos cortes y rasguñones, que Martita
(siempre práctica) ya le está curando mientras alguien la interroga.
-Son superficiales, va a estar bien.
Su historia es simple: los "otros" la tenían de esclava para todo "servicio". El tipo a quién maté estaba a cargo de vigilarla y ella aprovechó para escapar.
-Agradecele a él -dice el bocafloja de Ordoñez, señalándome con la cabeza.
Lo fulmino con la mirada y se hace el boludo.
-Gracias -musita entre lágrimas Beatriz, ese es su nombre.
Los días pasan y Beatriz se recuperó rápido, tampoco eran tan graves sus herida. Colabora en las tareas con los demás. Martita desconfía aún de ella ¿celosa?.
Cinco noches después de su "liberación", me encuentro escribiendo en mis cuadernos, cuando
tocan a mi puerta. Lo de los cuadernos es una costumbre que adquirí con la plaga. Supongo que en otro momento hubiese tenido un blog. Creo que es importante que en el futuro la gente sepa como fueron las cosas, como nos sentimos, como sobrevivimos.
-¿Puedo pasar? - Trae dos copas llenas de vino.
-Claro, sentate.
-¿Que hacés?
-Escribo mi bitácora. ¿Como andás?
-Muy bien. Todavía no tuve ocasión de agradecerte. Gracias a vos estoy libre. Tomá, brindemos.
Y me alcanza una copa. En los restorantes vecinos quedaron un montón de cajas de vino fino,
que en condiciones normales nunca hubiese podido adquirir.
-Bueno, gracias. Hmmm, ¡Que bueno! ¿Que era? ¿Rutini?
Nos quedamos charlando un rato. Adivino que no terminaré la noche solo...
...
...
Me despierto por la explosión ¿O fueron más de una? También escucho tiros y gritos.
No me puedo mover, la cabeza me pesa una tonelada. Una sola copa de vino no pudo haberme
hecho esto. Abro los ojos pero la luz directa es un alfiler ardiente.
-Ya era hora que te despertaras, hijo de puta.
Ya se porque no puedo moverme, estoy atado con cables y amordazado con cinta adhesiva,
además.
-Eso que escuchás son los míos, ya están adentro. Tu amigos se defienden, pero están fritos.
Lucho inutilmente con las ataduras, quiero saltarle encima y partirle el cuello. Pienso en Martita, Saldeña, el Pitu, los chicos...
-Es al pedo que forcejeés, tuve bastante tiempo para atarte bien atadito. Agradecele al pelotudo ese, Ordoñez, él te señaló.
Quiero gritar, morder, patear.
-Pedro y yo estabamos juntos, desde antes de la plaga. Nos amamos de una forma única.
Cuando le tiraste yo estaba a su lado. Sus sesos me salpicaron. Creí que iba a volverme loca, me arañé, me corté, quería matarme ahí mismo. Los otros me convencieron y me mostraron el camino a la venganza. Primero la idea fue solo infiltrarme, pero cuando supe que habías sido vos el que mató a Pedro... ¡No te imaginás las cosas que te voy a hacer!
Cierro los ojos y pido a un dios (en él cual nunca creí) que me lleve pronto.

Relatos de la plaga - Familia

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Daniel aminoró la velocidad lo suficiente para leer las indicaciones: "General López 10 km"
Aceleró y las ruedas levantaron una nube de polvo.

De vez en cuando veían algún vehículo abandonado. La camioneta en la que viajaban había quedado en la puerta de su casa, con las llaves puestas y el tanque lleno. Antes le hubiese sido imposible tener una así.
Daniel tenía la esperanza que su hermana y sus sobrinos hubiesen resistido a la plaga. Después de todo, él y sus hijos lo habían hecho. Era una esperanza remota, ya otro de sus hermanos y sobrinos habían muerto; del otro hermano, el mayor, no se sabía nada, los teléfonos habían enmudecido hacía días.

Natalia, la hija menor de Daniel, contemplaba una foto de su mamá muerta. Una lágrima se deslizó por su mejilla pecosa. Marina, la hermana mayor, al darse cuenta, le pasó un brazo por los hombros. Agustín, el hermano del medio, iba en el asiento del acompañante, con la vista perdida en el paisaje. De vez en cuando manipulaba el dial de la radio, tratando de encontrar alguna transmisión.


Al doblar en la rotonda, casi arrollan a una parejita de chicos que andaban en bicicleta por la banquina.-Hey! gritó Daniel. Tantas ganas de ver a otra persona que no fueran sus hijos, lo dejaron sin palabras.
Detuvo la camioneta. Tendrían unos 16 años y eran gemelos, con el pelo rubio y los ojos celestes muy claros. María y José se llamaban. Al principio tuvieron miedo, pero cuando vieron a las hijas de Daniel se tranquilizaron. Eran de Laprida, allá no quedaba nadie y se dirigían a General López.

Daniel y sus hijos los adoptaron enseguida. En realidad se adoptaron mutuamente.
La hermana de Daniel y sus sobrinos estaban muertos, pero en cambio encontraron un chiquito de dos años, Kevin Larrosa, según su documento. Tuvieron que romper una ventana para entrar a la casa donde el bebe estaba llorando junto a los cadaveres de sus padres. Marina le hizo upa y Kevin no la soltó más....

...

...

-¡Que lo cumplas feliz, que lo cumplas Kevin, que lo cumplas feliz! ¡Bieeeeeeeeen!

Kevin sopla con fuerza y apaga la vela con forma de 5, siempre tomado de la mano de Marina. Un barbudo Agustín le acaricia la panza a María, ya se le empieza a notar el embarazo. Otros se han incorporado a la familia y viven y trabajan juntos en el campo.
Daniel es un abuelo-patriarca feliz.

Relatos de la plaga - el ciego

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El despertador sonó a las 7 a.m. Algunos hábitos son difíciles de dejar. De lunes a sábado me levantaba, me bañaba, me afeitaba e iba a la biblioteca, donde desayunaba. Ahí trabajo o mejor dicho, trabajaba, como Director.

Lo apagué de un manotazo. Toto frotó su hocico húmedo contra mi mano, buscando un mimo. Lo acaricié unos instantes y me incorporé en la cama. El silencio solo estaba quebrado por el piar de los pájaros. Me levanté y abrí la venta que daba a la avenida, para oír mejor. Nada. Ni autos ni transeuntes.

Abrí el quinto cajón del chiffonier y saqué el '38 de mi viejo.
Con manos expertas, abrí el tambor y lo hice girar.
Desde la última vez que hablé con alguien, medité esta decisión. Creo que es lo mejor para mí y para Toto. Porque no quiero dejarlo solo, abandonado a su suerte. Fue un fiel compañero.
Una a una, como me enseño mi papá, cargué las balas.
Todavía no. Un último paseo.
No me duché ni me afeité; primero el gas y luego la electricidad se habían cortado. Me vestí, le puse el pretal a Toto, tomé el bastón y salimos a caminar por las calles desiertas. Llevaba el '38 en el bolsillo de la campera.
Habíamos caminado dos cuadras, cuando oí el motor. Saqué el revolver y disparé al aire. Toto se removió, inquieto. Lo calmé con caricias en el lomo. Mi buen Toto.
El vehículo se acercó, haciendo sonar la bocina.
-¡Señor! ¡Señor! ¡Gracias a dios, pensabamos que no quedaba nadie aquí!
Eran dos chicas y un muchacho, muy jóvenes. Sus respectivos padres habían muerto y se alegraron de ver a un adulto, aunque este fuera un viejo invidente. Iban para el campo. Me pidieron que fuera con ellos. Al principio me negué, aduciendo que sería una carga. Pero no hubo caso....
Ya pasaron 4 años. No fue fácil. El pequeño grupo creció, hay varios niños. Mientras los grandes atienden la chacra, se quedan conmigo. Yo les cuento historias, con Toto a mi lado. Me gusta mi nuevo trabajo.

Relatos de la plaga - Maniqui

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Luis tomó el último maniqui (uno con vestido corto negro y bordes dorados) por la cintura, lo sacó de la vidriera y lo colocó en la vereda, junto a un auto rojo.
Lo manipuló para que quedara agachado y el brazo extendido, como si estuviera cerrando o abriendo el vehículo.

-¿Quedó bien, no? dijo Luis dirigiéndose al grupo de perros aburridos que lo observaba. Estos se limitaron a rascarse o ignorarlo.

Luis se sentía solo. Su novia había muerto ya tres meses y la última persona con la que habló (Tommy, un pibe de unos 15 años) había fallecido en sus brazos hacía 72 días atrás.
Pobre Tommy. Cuando lo encontró ya le quedaba poco. Luis lo cuidó, le dió agua, escuchó sus "cuitas", consoló sus llantos. Tommy le confesó su homosexualidad. Se sentía mal por no haber podido sincerarse con sus padres.

Cuando murió, lo envolvió en una sábana y lo depositó en una cama de la mueblería de la calle Acevedo. Pensó que así descansaría en paz.

Modificó la postura del manequi dos centímetros.

Pasaba algo raro con los cadáveres. No se descomponían, sino que se transformaban en una especie de pasta seca, como aglomerado. Parecían momias peruanas. Nada de olor. Los perros no se les acercaban, y las ratas, bueno, parecía que las ratas también habían muerto.

Un par de días después de la muerte de Tommy, comenzó con lo de los maniquies. Los sacaba de las vitrinas y los colocaba por ahí, algunos sentados en un bar tomando algo o leyendo el diario, otros haciendo fila en una parada de ómnibus, mirando vidrieras, paseando. Era como una catarsis, un juego. Los maniquies eran su única compañia. Y los perros, que solitos se le fueron arrimando. Miles de años de convivencia no fueron al pedo.

Juntó sus cosas y empezó a caminar para el lado del Shopping Abasto. Acá seguro que estaba lleno de maniquies, ¡decenas de ellos!. Los perros se levantaron y lo siguieron.

Garca

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Martín Agüero Bulnes se pone el saco y sale raudamente de la oficina.
"Si le contara lo que hice a mi analista diría que tengo un desorden narcisísta. Más o menos lo mismo que me dijo alguna ex novia: que soy un hijo de puta, o lo que murmuran a mis espaldas en la oficina, que soy un garca. Que se vayan todos a cagar. A mi me gusta disfrutar la vida a toda costa. Siempre obtengo lo que quiero, de una forma o de otra. 'Algún día se te va a dar vuelta la tortilla', me amenazó el boludo de Suarez el día que se fue de la empresa, luego de que le cagara el puesto. No se porque me acordé de él."
El ascensor abre sus puertas, Martín Agüero Bulnes asciende y presiona -1, donde lo espera su auto 0 km.
"Llorisqueba la pendejita. Desde que entró que le tenía ganas. Y me las saque."
Hace unos días ingresó una chica nueva, muy jovencita. Tetitas paraditas, culito redondito. Y Martín Agüero Bulnes se prometió poseerlos.
4,...3,...1,... El indicador del ascensor va marcando los pisos, en una cuenta regresiva silenciosa.
Martín fué muy amable con la piba, "como un profesor" Y con el truco de si se podía quedar después de hora para revisar unos temas, la retuvo hasta el momento en que se quedaron solos.
"Lloraba, decía que le dolía, ¡Que me importa! ¡Como si hubiese sido la primera vez! Además, le dejé unos mangos, que se tome un taxi y se compre algo lindo. 'Algún día se te va a dar vuelta la tortilla, y vas a pagar por todo' me dijo Suarez. En la guerra y en el amor todo se vale. Y en los negocios también."
PB,...-1,...-2, ...
"¿Pe...?, ascensor de mierda, no paró. ¡Pará, guacho, pará!" Se desespera Martín apretando el "stop", mientras el ascensor sigue bajando, bajando, bajando, cada vez más rápido, hasta los infiernos.

Juan Radulfez siempre fue un miserable.
Hijo de padre desconocido, el típico pibe que torturaba gatos, reventaba a piedrazos los vidrios de los vecinos y cometía pequeños robos.
En una ocasión fue sorprendido por el dueño de una chacra empomándose una oveja y fue llevado de la oreja hasta la comisaría.
Su madre fue a buscarlo. Cuando iban por la calle "ancha"del pueblo, su madre le revoleó un alpargatazo por la cabeza. Juan lamiró fijo, aguantándose las ganas de llorar y siguió caminando. Esa misma noche se marchó.

Terminó en Ciudad del Este, Paraguay, contrabandeando baratijas y cigarrillos.
Volvió a los años, trabajando de mulo.
Se alojó en lo de unos paraguas, dealers que vivían en La Vera.

Un día, en pedo, violó y mató a una nena. Morochita, de ojos grandes y tristes. Como amenazó con denunciarlo, le pegó un tiro en la frente. Los vecinos lo descubrieron. Juan fue apaleado y apedreado.

Cuando despertó, estaba en un campo. Alerces y pinos se yerguían majestuosos. Se sentía observado. comenzó a caminar, sin rumbo fijo, siempre sintiendo una mirada sobre él.

Cruzó un cerco de piedra, viejo como la injusticia. La sensación de ser observado aumentaba.

Finalmente llegó hasta un antiguo cementerio.

"Te esperaba", le dijo una voz.

En auto por Portugal

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El plan era abordar un vuelo sin escalas Buenos Ayres-Madrid, tomar allí el tren a Galicia y bajarme en Mendo, hogar de mis ancestros maternos.
Pero por esas cosas del destino y la política internacional, Barajas estaba cerrado por alerta de terrorismo y debimos descender en Lisboa.
Soy un tipo de naturaleza optimista y firme creyente en aprovechar las oportunidades. Sin duda, esto era una oportunidad. Así que me enfrenté a la disyuntiva entre esperar 4 o 5 horas en el aeropuerto para finalmente aterrizar en Madrid o alquilar un auto y llegar a Mendo por tierra desde el sur.
El excelente descuento ofrecido por la compañia Rent-a-car (gracias a la mediación de la aerolínea) y el haberme encontrado con un profesor oriundo de Porto que volvía a casa despues de pasar 6 meses en Buenos Ayres, inclinaron la balanza hacia la novedosa oportunidad.
Enseguida nos pusimos de acuerdo con Joao do Mendonca (tal era su nombre) en cuanto a los gastos y partimos rumbo al norte, previo minitour por Lisboa, ciudad que no entraba en mis planes originales.
Luego de una y media de carretera llegamos sin inconvenientes a Obidos "la ciudad nupcial". Este pueblo posee una interesante historia y un hermoso castillo. Dejamos el auto y
recorrimos a pie el recinto amurallado. Almorzamos en una pequeña pero bella posada, donde los parroquianos me trataron de maravilla al enterarse que era un "che", un
argentino. Fue imposible hacerles entender la diferencia entre Argentina y Mosterio.

Reanudamos la marcha y dos horas después pasamos por Coimbra, pero no nos detuvimos, porque aún nos faltaba un buen trecho hasta Porto.
El paisaje enmarcado entre las pequeñas colinas y el mar, bañado por la luminosidad del sol hundiendose poco a poco en el horizonte, era un espectáculo maravilloso.

Finalmente llegamos a Porto. La casa de Joao queda al norte, por lo que nos vimos obligados a cruzar la ciudad.
Siempre guiado por Joao, nos detuvimos en el puerto a buscar unos songoros, que constituiran nuestra cena. Llegamos al hogar paterno de mi acompañante, siendo recibidos por padre, madre y hermanas. Abrazos, besos, obsequios y vasitos de vino a granel. Las hermanas de
Joao se encargaron de cocinar los songoros, sin dejar de mirarme, mientras este relataba sus experiencias porteñas. Recién en este momento me enteré que Joao era gay, cosa que parecía no importunar a su familia.
Comimos opíparamente, mientras trataba de hacerles entender que Mosterio era una nación independiente. Lo tomaron como una broma argentina.
Mamá Mendonca insistía en que me quedase a pasar la noche, pero decidí continuar viaje, por lo menos hata la frontera luso-gallega.
Me despedí efusivamente de todos, con la promesa de que me haría un tiempo para volver.

Tomé la ruta 87 hacia el norte y aquí comenzó mi odisea.
Caía una pertinaz llovizna, que pareció desatarse de golpe al cruzar unas sierras. Tomé una salida (equivocada, ahora lo se) que se suponía me ahorraría una hora de viaje.
Luego de andar un largo trecho sin cruzarme con nadie, me detuve en la banquina a revisar el mapa que tenía en la guantera. Trataba de localizar algún pueblo donde pernoctar, odiandome por no aceptar el ofrecimiento de los Mendonca.
Se apagó el motor y fue imposible arrancarlo. El indicador de combustible marcaba EMPTY.
Putié tanto, solo dios sabe.

Un relámpago iluminó lo que me pareció una casa de campo más adelante. Tomé una campera, una linterna Made in China bastante defectuosa y comencé a caminar hasta la casa, situada unos 150 metros adelante y unos 25 a la izquierda del camino.
Barro, charcos. Me acerco a la casa. Se trata de una construcción antigua 100 o 150 años, de ladrillos de adobe grandes. La luz se filtraba a través de una ventana alta que no me permitía mirar hacia dentro. Busco un tiembre, no hay ninguno, doy 3 golpes secos en la puerta. Segundos después la puerta se abre y asoma una cara apergaminada.
Una vieja que tendría miles de años. Le explico en mi pobre e improvisado portuñol mi problema, me hace pasar.
La casa huele a humedad. Me hace una seña para que me siente en una silla, sin duda una reliquia napoleónica. Regresa al poco rato con un vaso de un extraño cristal rojizo. Me dice que beba, que me hará bien. En efecto, tengo frío, estoy calado hasta los huesos. La bebida, sin
duda un licor casero, me llena de un calor muy agradable y me reconforta. Vuelve a llenarme el vaso y apuro el contenido de un solo trago.

Lo siguiente que recuerdo es el dolor. Dolor en mis coyunturas. Trato de moverme pero parece que estoy atado a una "X", todo estirado.
Abro los ojos pero una luz me ciega.
Vislumbro cinco figuras que se mueven a mi alrededor, al compás de un rítmico golpetear de tambores.
Repiten incesantemente algo que suena a “Ph‘nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.”.
Trato de gritar, pero mi garganta no me responde. Las figuras están vestidas con unos sayos, parecen monjes de alguna religión inmemorial y maligna.
Aparece la vieja (¿o debería decir demonio?) que me dió la bebida.
Está completamente desnuda. ¡Que visión tan desagradable!
Su cuerpo es un muestrario del horror, del paso del tiempo. Las carnes flaccidas le cuelgan, obscenas.
La anciana recorre con su lengua mi cuerpo, que está bañado en mi propia sangre, que sale de varios pequeños tajos.
A su tacto y a pesar del dolor y el estupor que me dominan, tengo una poderosa erección.
Se agacha, toma mi miembro entre sus manos y comienza a succionar.
Trato de asirme de mis ataduras, pero es inútil.
Finalmente, acabo en medio de espamos de terror y goze infinitos.
Ella se traga mis fluidos con fruición animal. Y se convierte en una bella joven, de largos cabellos
negros que caen en medio sus hermosos senos.
Sin soltar mi miembro lanza un alarido bestial. Gracias a dios me desmayo.

Todas las noches el grotesco ritual se repite y una anciana nueva bebe mi semen, para convertirse luego en una bella mujer.
Hoy es el turno de la última anciana ¿Que será de mí ?

Semillas que no germinaron

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A bordo del carguero "Regina Australis", los dos únicos pasajeros conversan sobre la marcha de laterraformación, mientras la nave se dirige a Marte. Se mueve a 300 kilómetros por segundo, una minúscula fracción de la velocidad de la luz, poco para lanzarse hacia las estrellas, pero
suficiente para moverse en el "vecindario".

José sintió un terrible dolor estomacal y vió con horror como su vientre se hinchaba como un globo a punto de explotar. Balbuceó un "ayudame" a Carina, pero ésta se limitó a sonreir y a cruzar sus manos sobre la minifalda de corderoy rojo.
El hombre se arrastró por el piso, vomitando sangre y gimiendo.
Fue muy sencillo hacerle tragar el huevo a José, con el cuento del afrodisíaco. Y ahora, una semana después, el golocoide estaba por fin emergiendo.

"SOS, TSS* Clipper a cualquiera que escuche, explosión abordo. Repito, SOS, TSS Cl..."
Muerta toda la tripulación (a excepción del jefe de mantenimiento y su ayudante) luego de la explosión, Joe Haggermas pasó de pasajero a radioperador, mientras los otros dos trataban de asegurar el soporte vital.
Tenía la garganta seca, así que le dió un trago al vaso de agua turbia que los de mantenimiento lograron reciclar. Al menos no moriría de sed, al menos no por ahora. El aire viciado, hedía a queso rancio.
*Terrestrial Space Ship

Adolf Hitler y Benito Mussolini vieron a Joseph Stalin, rodeado de agentes de la Gestapo, entrar a la Gran Sala de la Cancillería del Reich. Una vez tomado prisionero Stalin, el Soviet supremo solicitó condiciones de paz.
"Ahora nos ocuparemos de Africa", le aseguró Hitler a un ansioso Mussolini. Este, no veía la hora de entrar a El Cairo, a fin de usar un casco de oro que había mandado confeccionar especialmente.

Diego telefoneó a sus padres, ambos estaban bien, pero partían al campo esa misma tarde. Las grandes ciudades no eran un lugar seguro para los viejos, desde que la "peste geriátrica" comenzó a hacer estragos. Diana, su hermana los pasaría a buscar y se los llevaría.
Empezaba con tos, estornudos, desorientación, tal vez un poco de fiebre, y en cuestión de 72 a 96 horas, la muerte. Hasta solo había atacado a mayores de 70 años, de ahí el nombre.
Los gobiernos y las instituciones médicas de todo el mundo estaban atónitas e impotentes. Los viejos se morían como moscas, sobre todo en las grandes urbes.

Educandos

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-¡Malattini sientesé!
Pobre vieja. Grita tratando de poner orden en el caos. Pero los pibes se cagan de risa. Tal vez en 1977, cuando debutó como maestra, un ceño fruncido, un tono de voz un poco fuerte, alcanzaban para congelar a "esta manga de negritos de mierda" como los llama en la intimidad la Señorita Dora. Extraña el orden de los militares.
Por lo general está tranquila, le falta poco para jubilarse, pero hoy la sacaron.¡Que buena época el Proceso! Hasta algún coscorrón o un tirón de pelo se dió el lujo de propinar a más de un díscolo.
Pero ahora, no se puede, estamos en "democracia" piensa, con una mueca de desprecio.
-¡Libertinaje, eso es lo que es!
Gritó y no se dió cuenta, algunos chicos se quedan secos y la miran sorprendidos.
-¿liber que dijo la seño?- piensa un par.
-¡Cantarutti, ¿de que ríe?!- dice zamarreándolo del brazo, como si fuese un muñeco de trapo.
Aníbal Cantarutti descubrió un secreto y ha estado molestando al pobre Sotelo, recién llegado al colegio.
-De este, del Sotelo ¡Ay, seño, largue!
-¿Y que es lo que te causa tanta gracia, mocoso de miercoles?
Sotelo sufre y dice no, no, no con la cabeza. No quiere que los demás se enteren.
-Es que se llama Pancracio.
Risas generalizadas, dedos señalandolo, muecas, burlas.
-¿Y porque sus padres son unos ignorantes el pobre Sotelo debe pagar la culpa?
-¡Bastaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
El grito de Sotelo parece no tener fin, como la miseria en la Argentina.
Se bancó las cargadas del gordo Cantarutti y las burlas de los demás, pero los gritos de la vieja Dora y que llame "ignorantes" a sus padres fue demasiado.
Levitando a medio metro del suelo, con los ojos en blanco, comenzó a irradiar calor. Cada vez más.
Las nenas corrieron chillando hacia la puerta, pero esta no se abrió. También las ventanas permanecieron cerradas.
Sintieron el calor en su piel, cada vez peor. Pronto hubo olor a pelo quemado.
Entre el griterio infernal, se siente el ruido de los vidrios al estallar.
Pronto acuden desde otras aulas.
A esta altura Pancracio es un pequeño sol.
El fuego consume todo dentro del salón de 5°B turno mañana. Educadores y educandos corren por los pasillos, hacia la salida...
Pancracio brilla y brilla.

Segunda oportunidad

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¡Auriano, Omar!
El reclutador enviado por el Ministerio leía los nombres de una lista.
¡Cachazo, Dakun!
Sabíamos lo que significaba ser nombrado.
¡Chuca, Kevin!
En vista del esfuerzo de guerra, muchos de nosotros seríamos desafectados de refinería donde sobrevivimos malamente.
¡Gualda, Deg!
Pasaríamos a formar parte de las "Fuerzas de la Defensa", pomposo título para una banda de desarrapados mal armados.
¡HEIMER, UFFEN!
Cagué. Cuando me nombraron, algunos compañeros me palmearon la espalda.
"Al menos tendré cuatro comidas diarias", traté de bromear. Seguramente no volveríamos a vernos.
La papeleta de enlistamiento dice que debo presentarme mañana a las 12 en el dock 4, para abordar al "Tritón", la nave que nos llevará a donde mierda sea que estemos asignados. Así que tengo la noche libre.
Aprovecho para despedirme de algunos camaradas y regalar los pocos efectos personales que poseo y que no podré llevar conmigo, incluso obsequio los bonos de racionamiento que me quedan. Junto a mis viejos amigos vamos a "El gallo opulento", un antro de mala muerte cerca del espaciopuerto.
Bebemos el "sintiempo", licor destilado clandestinamente en los sótanos del tugurio. Como despedida y en un gesto que los enaltece, me pagan entre todos una bonita (espero) puta, que me espera en una de las habitaciones secretas que "El gallo..." tiene en el sótano.
Dos lindos polvos me eché antes de quedarme dormido. Esta chica es realmente buena en lo suyo, aunque le falten un par de dientes y tenga el culo medio flojo.
Me duermo profundamente, a causa del cansancio y -sobre todo-del "sintiempo".

Me despiertan las sacudidas y los estruendos. No sé que hora es, pero aún no amanece. Explosiones, gritos, derrumbes, incendios. La ciudad es un pandemoniun. La puta (Karen Cinthia se hacía llamar) ha desaparecido.
Junto como puedo mi ropa y trato de encontrar una salida.
Terriblemente cerca hay una explosión y una pared se derrumba. Quedo atrapado, a oscuras.
El polvo se me mete en los ojos y la nariz. Me acurruco hasta que cesan los estruendos.

Avanzo a tientas. Encuentro un hueco, retiro escombros y logro salir a la calle.
Camino como un borracho (poco me falta) entre las ruinas. Sin pensarlo me dirijo al dock 4, al "Tritón". No están, ni la nave ni el dock. En su lugar un enorme hueco, negro por las altísimas temperaturas generadas por uno o más misiles enemigos.

Deambulo sin rumbo. Piso un cadaver. Un rico comerciante a juzgar por sus ropas. Lo desvisto, le pongo mis harapos y cambio documentos. Me alejo lo más rápido que puedo, buscando un transporte a otra parte.
Es hora de empezar una nueva vida

La lista (un rato antes)

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-Bueno Tito, vos punteás y Cacho va marcando las cajas.
-¿Y vo que hacé?
-Yo canto de la lista. Para eso soy el jefe. Vamos,
Acerrador de juntas AJ85,
Amoladora Angular 180MM 2300W,
AFERIDOR DE FUERZA DIGITAL,
ANALIZADOR DE TURBIDEZ,
APAREJO ONETTO 500,
-A la Onetto, le doy parejo, je.
-jajaja ¡Que pedazo de yegua esa mina! Yo le doy, y le doy, y le ...
-Que vas a dar, vos, gil. No se distraigan, sigamos,
Bomba de vacio por anillo,
BIGORNIA DE 75 KG ,
BRIDA DE ARRASTRE 80 MM,
Cámara digital Sony FD 73,
-¿Cámara digital?
-Acá está ¿Para que queremos una cámara digital?
-Para sacar fotos cuando lleguemos.
-¿Cuando lleguemos adonde?
-Nada, nada, olvidensé. Sigamos,
CABEZAL MITSUBISHI SIMPLE,
CAMAS 1 PLAZA, dos,
-¿Camas? ¿dijiste camas?
-¿Dijo camas?
-El viaje puede ser largo, ¿donde vas a dormir? ¿en el piso?
-¿De que viaje hablás?
-¿En que está pensando este tipo? Yo no voy a ningún lado, eh. - dijo Cacho tomando un caño que encontró por ahí y blandiendolo contra Lucho como si fuese el garrote de un Homo Antecessor.
Pero Lucho rapidamente desenfundó un '38 y le desjarretó un tiro en el pecho.
Tito quedó estupefacto.
-Tito, te dije que el experimento estaba relacionado con el tiempo. Vamos a viajar en el tiempo.
-Cuando dijiste tiempo, pensé en frío y calor...
-¿Seguís conmigo o te achicás como un putito?
Apretado de esa forma, Tito sacó pecho y rugió
-Pa delante ¿Como seguimos?

La lista

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-¿Tenés la lista Tito?
-Psé.
-Bueno, te canto y vos tildás.
-Ocá.
-ONDA IGARAS 180X2225, una gruesa
LINER CARTOCOR 170, 10
-Me parece que vienen por docena...
-Una docena entonces.
ALCOHOL ISOPROPILICO 99%, 7 litros
SERENEIDER DE 220/110 VOLT., DE BAJO AMPERAJE, 1/2 docena
BOPA NSC VINAMYL 56-9770, dos
CERA PARA RECUBRIMIENTO DUROWA X 4030, la importada, eh!, una lata
-Vo decí una lata, ¿una lata de cuanto? ¿un litro, die litro?
-Te viniste medio saboteador hoy, no? Una lata chica, si necesitamos, compramos más y listo.
-Ocá. A mí tratame bien, que tengo la mecha corta.
-¿Donde estaba? Ah, si HIPOCLORITO DE SODIO ACTIVO 80 %, dos litros
SOLVENTE DE USO WILLETT, dos litros
VINILICO V-XR-3052, una lata
GARLOPA DE 5/8, dos
GOMA DE EXPULSION DE CORTES 685"X5/16"
ELASTOMETRO MICROCELULAR
SACABOCADOS 3/4"X0.99, dos o tres
GRAMPAS METALICAS PARA FIJACION 1/2", diez
-Todo eso tenemo ya.
-Mejor así. Sigo MANOMETRO 0-40 KG/CM2 A TUBO BOURDON MECANISMO REFORZADO, uno
PITUTOS "ACINDAR" VN 2000 1 X 6M M2 VERDEAMARILLO, con 5 alcanza
BOBINA MARCA "VICKERS" Nº DE PARTE: 633741 DE 110 VOLT., diez
TORNILLOS PARKER CAB/FRESADA Y PULIDA M 8 X 3/4", 1/2 kilo
-Estamo jodido con lo pituto, andan faltando.
-Bueno, no sé loco, rebuscátelas, el product and logistic manager sos
vos.
-¡Que fácil! El señor hace las boludeces teóricas, cuentitas en papelitos y yo me jodo consiguiendo las cosas. ¡Lucho: Andá a cagar!
-¿Boludeces teóricas? ¿Cuentitas? ¿A la Matemática transtemporal le decís cuentitas? ¡¿Porque no te vas un poquito A LA CONCHA DE TU MADRE?!
-¡Con la vieja no!
Y ahí nomás Tito le partió el cráneo con el Elastómetro microcelular.
Lucho murió enseguida y con él, el secreto del viaje en el tiempo.

Perdido

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"En una cierta llanura de Palantia, los celtíberos habían ocultado un grueso contingente de tropas en las estribaciones boscosas de las montañas y, con otros, atacaron abiertamente a los romanos mientras recogían trigo.
Escipión ordenó a Rutilio Rufo, que tomase cuatro cuerpos de caballería y pusiera en retirada a los asaltantes. Rufo los siguió, en efecto, cuando se retiraban con excesiva torpeza y alcanzó con los fugitivos la espesura. Entonces, al descubrir la emboscada, ordenó a los jinetes que no entablaran una persecución ni atacaran todavía, sino que se quedaran quietos presentando las lanzas y se limitaran a rechazar el ataque.
Escipión, dividió su caballería en dos cuerpos y les ordenó a cada uno que cargaran contra el enemigo alternativamente, y que se retiraran al punto después de disparar sus jabalinas todos a la vez, pero no hacia el mismo lugar, sino colocándose en cada ocasión un poco más atrás y retrocediendo.
De esta forma, consiguió llevar a salvo a los jinetes a la llanura. Pero algunos hombres se perdieron.
Uno de ellos, Mancio Dioniso Glauco, despojado de su cabalgadura, caminó entre los desfiladeros montañosos.
Y hete aquí que oculta en un profundo valle, encontró una cueva.
Buscando refugio, Mancio Dioniso Glauco penetró (en la cueva) y descubrió una mujer.
Ella le dijo "Bebe el agua de esta ánfora, romano y descansa en ese montón de paja."
Él así lo hizo. Y durmiose.
Y ella esperó ese momento y mordiéndolo en el miembro, bebió su sangre.
Y Mancio Dioniso Glauco nada pudo hacer, por hallarse atrapado por los embrujos de la mujer, que era una lamia."

Curiosity killed the cat

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Lucho limpia oficinas.
Todos las noches se toma el colectivo 20 en Villa Caraza y se baja en el Centro.
Cuando todos salen, él entra. Mientras todos duermen, él trabaja.
Se pone los auriculares y limpia, friega, aspira, barre, sacude, lava, repasa, acomoda.
Hoy tiene que ir a un lugar nuevo. O viejo, según se lo mire.
Justo frente al Correo Central existe un edificio que estuvo vacío mucho tiempo. Los nuevos propietarios lo quieren limpio. Y allá va Lucho, con sus implementos y sus auriculares.
Cerca de medianoche, luego de haber trasegado durante horas, decide tomarse un pequeño descanso y fumarse un cigarrillo. El pasillo que lleva a las escaleras de servicio le parece el lugar ideal. Aún con los auriculares puestos, prende un rubio, mientras mira las luces de la ciudad.
Algo le llama la atención en el entretecho, parece faltar un panel. El hueco es lo bastante amplio como para que pasen sus hombros de negrito flaco.
Mira y solo alcanza a vislumbrar caños. Empuja un viejo macetero (la planta que albergaba pasó a mejor vida hace añares) y lo coloca debajo del panel faltante. Se encarama al macetero y mete la cabeza en el hueco.
Además de los caños, le parece ver dos puntos luminosos, como brasas, a solo un metro de distancia. Y enseguida algo que parece ... .
Cuando trata de reaccionar, es tarde, dos garras, con cuatro dedos cada una, se clavan en sus sienes y lo arrastran.
Desesperado, patalea y trata de luchar. Pero el daño está hecho.


-"¡Luchooo! ¿Donde se metió este cabeza?" Se preguntaba Ordoñez, el capataz de Lucho.
Le llamó la atención el macetero colocado en medio del pasillo, debajo de un hueco.
Y los auriculares que colgaban de este. Puteando (Ordoñez está gordo y le molesta cualquier esfuerzo físico), se subió al macetero y se asomó al hueco.
-"¿Luchito, estás ahí?"

Dos refritos

Author: El Mostro /

Fantasmas

Primer encuentro

Estriga

Author: El Mostro /

La excusa fue la despedida de soltero del “Che Pibe” de la oficina donde trabajo y su futura esposa, que se hizo en una casona de Belgrano, propiedad de algún amigo de la novia. Había mucha gente, la mayoría desconocida para mí. Estaba escuchando al pesado de Gorletti de “Pagos a proveedores” contar una de sus anécdotas de pesca, cuando sentí una mirada punzante en la nuca. Girando con cuidado para no volcar el contenido de mi tercer vaso de “ruso loco” la vi parada de espaldas a la biblioteca.

Justo como me gustan, una jocketta, de pelo rubio rojizo, con curvas y buenas tetas. Alcé un poco las cejas y le hice un guiño. Ella esbozó una pequeña sonrisa y se volvió hacia los libros.

Desinhibido por el brebaje (y los anteriores tragos ingeridos) me acerqué, dejando a Gorletti hablando solo sobre pejerreyes y corvinas.

Sus ojos azules como el hielo antártico recorrían una fila de libros de la colección Gredos.

Su pálido dedo índice izquierdo se detuvo en los Anales de Tácito. Sin pensar, comencé a recitar “Así inflamados y pidiendo entrar en combate los llevan a un campo abierto llamado Idistaviso…”

Se dio vuelta y me miró directo a los ojos. Me sentí un niño indefenso, atrapado en alguna pillería.

“El despliegue bárbaro ocupó el campo y el borde del bosque, solo los queruscos se situaron en las alturas.” Increíblemente, ella había continuado citando a Tácito.

Nos reímos. Y nos pusimos a charlar, olvidándonos del resto del mundo.

Como a las tres de la mañana, me dijo “Vamos.” No se pasó por mi mente discutirle. Tomamos nuestros abrigos y sin apenas despedirnos de los invitados, salimos a una noche fresca y estrellada.

Caminamos una cuadra y no resistí más. Tomándola de la cintura, la empuje a un portal y nos fundimos en un beso.

Hicimos el amor, así de parados, sin preocuparnos si alguien nos miraba.

Recién apagado mi ardor por segunda vez le pregunté su nombre.

“¿Prometes no reírte?”

“Claro.”

“Me llamo Estriga.”

“Que raro. Juraría que lo escuché antes… ¿De que origen es?”

“Es muy antiguo.”

Yo estaba llegando a un nuevo clímax cuando recordé.

Traté de asirme de su abrazo, pero su lengua había penetrado profundamente en mi garganta y sus manos se transformaron en garras que desgarraron mi piel.

Absorbió todas mis fuerzas y cuando alcancé el orgasmo, no era más que la sombra de un hombre. Caí y antes de cerrar los ojos por última vez, la contemplé, hermosa a la luz de la Luna. “Gracias”, me dijo Estriga, un súcubo, conocida ya por los romanos del siglo I.

Ab urbe condita

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Ab urbe condita - Parte I
Una calurosa mañana (estamos en kalenda julius), Dionisio Augusto Glauco, el praetor militia de Colonia Narbona, ingresó a la vivienda comunitaria de tres plantas, justo enfrente de la estatua ecuestre de Narbo Martius. El guardia urbano se hizo a un lado para dejarlo pasar y Dioniso lo saludó con un imperceptible movimiento de cabeza. Adentro ya estaba Rufus Gallaecintorix, su principal lugarteniente.
Extraña pareja era la que formaban Dioniso y Rufus; no podían parecerse menos. El praetor era bajo, delgado y vestía sobriamente. Llevaba el escaso pelo negro que le quedaba cortado al rape. Por el contrario, Rufo el galo, era un hombretón de casi 5 palmites. Vestía ropas coloridas y llevaba el largo y lacio cabello rubio arreglado en dos trenzas, que le llegaban hasta el pecho. Las trenzas estaban adornadas con cintas y piedritas de colores. Para un conocedor de la cultura gala, no hacía falta preguntarle a Rufus a que tribu pertenecía, los colores indicaban claramente que era un Oestrimnio. Aparte de eso, se complementaban a la perfección.
-Bien Rufus, ¿que tenemos aquí?
-Mario Cayo Noviodunum, profesor de la Universidad Narbonensis, oriundo de Lutecia, 55 años.
-¿Quién lo encontró?
-El casero; ya lo interrogué. Dice que escuchó al occiso discutir violentamente con alguien y ruidos de lucha. Trató de entrar pero la puerta estaba atrancada por dentro. Salió en busca de ayuda y encontró al guardia que está afuera. Forzaron la entrada y lo encontraron. No había más nadie.
Dionisio se agachó junto al cuerpo y levantó un poco la sábana que lo cubría.
-¿Heridas?
-El galeno aún no llega, pero mire esto.
El galo levantó aún más la sábana, dejando al descubierto un agujero del tamaño de una moneda de un cuarto de denario en el tórax. La tela de la camisola que llevaba puesta el muerto estaba quemada alrededor del agujero y la herida parecía cauterizada.
-Le atraviesa de lado a lado. No se encontró el arma.
-¿El arma? ¿Que arma puede producir esta herida? Rufus, trae al casero.
La Galia Narbonense, así llamada en honor a Narbo Martius, era provincia del Imperio desde el 635 A.U.C.. La capital era Colonia Narbona, aunque la ciudad más importante era el puerto de Marsilia, en la costa del Mediterráneo. Dionisio Augusto Glauco era el praetor militia (jefe de policía) desde el 1557 A.U.C., es decir, hacía dos años ya.
El casero era un sexagenario, de aspecto enfermizo y color amarillento. Estaba apesumbrado por la muerte del educator Mario Cayo Noviodunum, quién era un inquilino tranquilo, cumplidor y afable. Solían charlar al anochecer y compartir unos sextarii de vino.
-Pero últimamente había cambiado. Se volvió desconfiado, avius, usted sabe, inaccesible. Se encerraba en sus habitaciones. Su vida se volvió caliginosus, tenebrosa.
-¿No recibía visitas?
-Una joven venía de cuando en cuando, su asistente.
-¿Como se llama? ¿Donde la encuentro?
-Creo que su nombre es Targa algo. Le mandaba recados y mensajes a través de los párvulos que juegan en la calle.
Rufo el galo no necesitó que su jefe se lo pidiese, salió y volvió sujetando de un hombro a un niño de unos 10 años. Descalzo, un poco sucio, con manchas de fruta en su camisa, el rapaz parecía asustado.
-No temas. ¿Conocías al educator Mario? preguntó el praetor con una sonrisa.
El niño asintió con la cabeza.
-¿Y el educator Mario te mandaba a alguna casa, no es así?
-Si señor.
-Bien. Toma esta moneda y guíanos a ella.

Ab urbe condita - Parte II
Cruzaron tres calles y el niño les señaló una casita amarilla entre el balneum público y una tienda de abalorios. Llamaron a la puerta y fueron atendidos por una joven de unos 20 años. No era una belleza, pero tenía una figura armoniosa. Luego de presentarse, el praetor le preguntó:
-¿Conoce usted a Mario Cayo Noviodunum, de profesión educator?
-¡Él lo sabía! ¡Sabía que algo le podía pasar! exclamó entre gestos de dolor.
-Efectivamente, ha muerto. Por favor, tome asiento y trate de calmarse.
La muchacha lloraba quedamente y se golpeaba el pecho del lado izquierdo en señal de dolor.
-El profesor era un hombre muy bueno. Pero hace un mes descubrió ciertas ... señales o signos,
no lo sé, que lo perturbaron grandemente.
-¿Que tipo de signos?
-No me lo dijo, una noche se lo pregunté y me contestó "Targa Rimorchium, es muy peligroso lo que he descubierto, es mejor que lo ignores todo" y nunca volvió a hablar sobre el tema.
-¿Cuando fue la última vez que lo vió?
-Antes de ayer, en la Universidad Narbonensis. Pero me envió un paquete anoche, aún no lo he
desenvuelto. Rapidamente, la joven se levantó y trajo un paquete envuelto en tela y atado con tiras de cuero.
Tenía atachado una nota: "Targa, por favor guarda esto en lugar seguro. M"
El praetor tomó el paquete, dirijió unas palabras de consuelo a la muchacha y partió rumbo a su habitación en el cuartel.
Ya había anochecido cuando Dionisio se sentó en su mesa, prendió unas velas y se sirvió un vaso
de vino. Cortó las tiras de cuero y desenvolvió el paquete. Contenía unos manuscritos. Comenzó a leer la apretada caligrafía del finado.

Ab urbe condita - Parte III
Los gallos cantaban al sol naciente cuando terminó. Las velas se habían convertido en unos cabos humeantes. No estaba seguro de haber comprendido lo que el profesor había querido transmitir, seguramente estaba loco. Vertió un poco de agua en una bacinilla y se lavó la cara para despejarse.
¿Que significaba? ¿Que quería decir el profesor con que Julio Cesar, el primer emperador debió morir asesinado en 709 A.U.C.? ¿Y como era eso de "La masacre de Saltus Teutoburgiensis" en 762 A.U.C.? ¿Masacre? ¡Ninguna masacre, grandiosa victoria de Varo que convirtió a la Germania en provincia romana!
Así seguía el manuscrito por varias páginas, nombrando hechos que debieron suceder de forma distinta, pero que a último momento, la aparición de un extraño o una nota anónima, provocaban un cambio en los hechos.
Pero había datos aún más inverosímiles.
Por ejemplo, el profesor había escrito que Roma (¡La mismísima Roma!) fue saqueada en el 1163 por unos bárbaros del norte y que el Imperio había desaparecido en el 1229.
"Ja,ja,ja, esto si está bueno" pensó Dioniso.
Si no recordaba mal lo que le habían enseñado en sus clases de Historia, en el 1160 se había rechazado una invasión de unos pueblos de Scandia en las provincias al norte de Germania, Vandalia y Cimbria, y además se había creado la provincia de Sarmatia, al norte del Ponto Euxino. Por otro lado, en el 1230 el Senado había logrado poner por segunda vez consecutiva en el trono imperial parto a un noble "romanófilo", con lo cual había asegurado la frontera de la Mesopotamia.
A excepción de algunas incursiones producidas hacía ya 150 años en los oasis de Arabia Magna, por parte de una secta de fanáticos religiosos (prontamente eliminados), el Imperio vivía una era de Pax, y el comercio florecía, con la aplicación de la máquina inventada por Hierón, que aprovechaba la fuerza del vapor en telares, navíos y carpentums ferrum.
¿Entonces? Según el fallecido profesor, unas fuerzas que no eran de este mundo (o de este tiempo, el profesor no era nada claro al respecto) habían torcido el rumbo "natural" de las cosas, ayudando a Roma, vaya uno a saber con que oscuros fines.
-¿Encontraste algo, Dionisio?, preguntó Rufus Gallaecintorix.
-Solo desvarios de un loco, contestó Dionisio Augusto Glauco, praetor militia de Colonia Narbona. Guardó los manuscritos del chiflado profesor Mario Cayo Noviodunum.
-Rufus, acompáñame al comedor comunitario, en busca de un buen desayuno.

Nota: Los romanos contaban los años desde la creación de Roma: ab urbe condita (A.U.C.). Fue Terencio Varrón quien estableció, definitivamente, que la fundación de Roma había tenido lugar en el año 753 a.C.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek

Author: El Mostro /

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 1
La culpa de todo la tuvo Malandraca.
O mejor dicho ese enorme par de ... ojos negros que tiene.
Malandraca Tanguango Wallestris es mitad terrestre, mitad betazoide. Sus dotes físicas y mentales hacen que califique perfectamente para trabajadora sexual o consejera de a bordo de una nave estelar.
Pero no, ella prefirió dedicarse a la biotecnología vegetal. Su paper “La música y el desarrollo de las especies vegetales” es un clásico. En este estudio, demostró que las coníferas prefieren las canciones infantiles durante los primeros años de su desarrollo y luego Bela Bartok, que las palmeras iridiscentes de Raisa son proclives al reggae, que las rosas bonnytenses florecen con mayor ímpetu bajo el influjo del new-chamamé-metal, los cactus egocéntricos apelmazados se dan mejor con la ópera klingon y que por unanimidad, la flora de 15 planetas abomina de “Chiquititas”.
La conocí poco antes de la guerra con el Dominio. Yo aún lucía el uniforme de la Flota en mi calidad de oficial científico. Compartimos un paseo por los jardines hidropónicos de Cela Lastra II, algunas cenas y mucho sexo. ¡Ah, que recuerdos...!
Luego vino mi “pase a disponibilidad”, por el cargo injustificado de “experimentación con sustancias alucinógenas prohibidas”, incompatible con mis tareas oficiales.
Fue ella quién me impulsó a experimentar con un híbrido de belladona y peyote marciano.
Abandoné mi labor en la Flota, abandoné Cela Lastra II, y volvía a la vieja y querida Tierra, pensando insertarme en alguna herborística. Al menos esa era mi intención. La guerra me encontró en una desvencijada estación espacial, esperando un carguero que jamás llegó. La necesidad de brazos que empuñaran las armas en esta hora decisiva, me facilitó un perdón provisorio.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 2
Recibí la orden de dirigirme al sistema Kabul 107.
Para ello abordé una nave particular, cuyo piloto y propietario era un (ya verán por que) cobarde representante de ventas de sereneiders, un trepisondo de nombre Lou Bixby Ferrigno, que presumía de un rancio abolengo terrestre.
Pude comunicarme antes de partir con Malandraca y quedamos en encontrarnos en Nueva Edén, de paso a Kabul 107.
El viaje transcurrió sin novedad y descendimos en Nueva Edén, un planeta minero que de edén no tiene nada. Estoy seguro que el nombre se lo pusieron para cazar bobos. El plan era reabastecer a la nave y seguir los tres hasta Kabul 107.
Imaginen el enternecedor reencuentro entre Malandraca y yo. Pues imaginaron mal, Malandraca no me esperó. Partió apenas unas horas antes de mi arribo, dejándome una grabación “...te amo, blabla, mi equipo parte en este momento, blablabla, pero nos encontraremos y nos amaremos, blabla blabla...” Maldita perra.
Estaba mascullando mi bronca (y masticando un tallo de Datura extramonium o pepino zombi), cuando el controlador de vuelo del espaciopuerto local dio la alarma: una señal jemmadar fue localizada entrando en el sistema.
El bueno de Lou Bixby Ferrigno, con su nave ya repostada, encendió los motores y se largó sin esperarme. Ninguna nave disponible, imposible evacuar la colonia.
Tres miembros del consejo de autogestión minero se me apersonaron y visto y considerando que era yo el único uniformado en el lugar, me nombraron a cargo de la defensa.
Inútiles fueron mis argumentos de que solo era un científico ¿Qué creían que podría yo hacer contra los temibles jemmadar? Lo que ignoraba es que Malandraca había estado hablando de mis dotes militares, inflándolas un poco; un poco bastante.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 3

(quedamos con nuestro héroe, "con la mina pirada" y a punto de enfrentar a los jemmadar)
En solo minutos me vi dejado por mi amante, abandonado por mi transporte y elevado a comandante militar de Nueva Edén.
Comencé por hacer un recuento de los posibles combatientes y armamento. Improvisé algunas medidas, que consistían más en distracciones que otra cosa. Los mineros seguían mis instrucciones ciegamente. La solitaria nave jemmadar se acercaba.
Ordené a todos los no combatientes meterse a las galerías de una mina abandonada, ya con los enemigos descendiendo. Mi idea era dejar a los jemmadar el campo libre para que destruyeran cuanto quisieran y salir a la superficie una vez que hubiesen abandonado el planeta.
Luego todo pasó muy rápido. Una madre que grita que su hijo se quedó detrás, yo que salgo en su búsqueda sin saber como ni porqué, los jemmadar que descienden, yo que corro con el niño tomado de una mano, me tropiezo, caigo y activo el detonador que habíamos puesto en unos tanques de refrigerante, los jemmadar que caen muertos o heridos.
Pura suerte. Héroe total. Los mineros me levantan en andas, seguros de que Malandraca no les había mentido y atan a los fieros invasores que sobrevivieron.
Cuando llegaron los transportes de la Flota para evacuar Nueva Edén, fui felicitado efusivamente por todos, mientras las cámaras de un improvisado periodista me catapultaban a la “primera plana” (perdón por este anacronismo).
En ese momento de la guerra, una batalla ganada por insignificante que fuese, representaba una esperanza necesaria.
Dos días después llegamos a Kabul 107. Traté de eludir los homenajes oficiales pero me fue inútil. Discursos de un pomposo oficial andoriano, relatando mi “titánico combate con un enemigo superior”, entrevistas, apretones de mano y holoretratos con el niño y su agradecida madre. Valió la pena, el cargo pendiente fue olvidado.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 4
Fue en ese preciso momento que desperté.
Todo había sido un sueño, seguramente provocado por la tensión y la ingesta de Datura extramonium.
Finalmente llegué a Kabul 107, me despedí del bueno de Lou Bixby Ferrigno y me dirigí al Instituto de Biotecnología, donde (suponía) me esperaba la ardiente Malandraca.
Una grabación, ahora no soñaba: “...debimos irnos porque es imperativo que...bla...me enteré de... blabla...te espero en Sursum Corda Prime...te amo, tuya Malandraca.” Maldito súcubo betazoide.
Tuve que gestionar un permiso especial de la Flota.
Esa misma tarde me embarqué en un carguero tripulado por el único booleano introvertido y apático de la galaxia. No solo introvertido, un ermitaño. Su nombre era Grrr algo.
Abordo existía un solo camarote que fue ocupado por una singular pareja de comerciantes, un altivo ferengi y un callado klingon, que apenas me saludaron con una inclinación de cabeza. Así que me acomodé lo mejor que pude junto a la carga. Partimos al anochecer.
Esa noche estaba leyendo “Le Phare du bout du monde”, cuando escuché algo que me pareció música mezclada con risas provenientes del camarote de los comerciantes. Me acerqué subrepticiamente y por una rendija pude divisar una escena dantesca, algo que sacudió mis cimientos morales.
El ferengi estaba sentado en la cama en posición de loto, aplaudiendo, mientras el klingon, vestido de mujer, ensayaba unos pases de baile al compás de una melodía, similar a la que se puede escuchar en los antros de Orión. Lo peor de todo vino cuando el klingon comenzó algo que no dudo en calificar de strip-tease.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 5

Deje a los tórtolos disfrutar de su intimidad y me encaminé a la cabina del piloto booleano para ponerlo al tanto de la parejita. Ya sé que este no es el comportamiento que se espera de un oficial y un caballero, pero el viaje era bastante tedioso.

El malhumorado “azul” escuchó mi relato de mala gana, mientras bebía cerveza romulana. Conseguí que me convidara una trago y en eso estaba cuando divisamos Sursum Corda Prime, nuestro planeta destino. Ya podía palpitar el recibimiento de Malandraca, sus profundos ojos negros, su pelo, sus piernas, sus.... Y entonces vino la explosión.

¿Serían los jemmadar o los cardassianos? ¿O piratas nausicanos? Un caza solitario buscando presas. El booleano se sacudió la niebla mental producida por cerveza romulana y comenzó con maniobras evasivas, al tiempo que se acercaba en espiral al planeta. En eso apareció el ferengi con cara de desencajado, seguido de un sollozante klingon.
Penetramos las capas superiores de la atmósfera, perseguidos por los enemigos. Sursum Corda Prime, para quién no lo sabe, es un planeta clase M, profundamente selvático. Una alfombra verde se extendía bajo nuestra nave. El booleano nos ordenó meternos en el camarote. La nave recibió otro impacto. Los tres discutimos un poco y concluimos que lo mejor era abandonar la nave. Tratamos de salir del camarote pero la puerta estaba trabada, producto del algún impacto. El klingon (aún con algunas ropas femeninas) logró abrirla y salimos para encontrarnos con que el piloto había huido en la única cápsula de escape.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 6
¿Y ahora qué? Me senté a los mandos, tratando de maniobrar la malherida nave, entre las imprecaciones del ferengi y el llanto del klingon afeminado.
No se de donde salieron dos patrulleros que entablaron combate con quienes nos disparaban. Las tres naves se trenzaron en lucha y se alejaron en la alta atmósfera, rumbo al espacio. Traté de pedir ayuda pero el transmisor estaba muerto, así como el transportador.
No soy piloto, pero me las arreglo cuando es necesario. En este caso, no había nada que hacer.
Les grité a mis compañeros que se aferraran a algo. Luego de planear sobre la vegetación, nos estrellamos en el medio de la jungla, con un estrépito de madera quebrada y metal doblado.
Traté de recordar las lecciones de supervivencia de la Academia de la Flota.
"Obviamente, un aterrizaje forzoso representa una experiencia particularmente traumática. Sin embargo, frente a ello, es menester obrar con absoluta calma y serenidad." K’rrupusamy, el klingon llorisqueaba mientras trataba de incorporarse para ayudar al ferengi. Este, de nombre Sor Chai, había sido atrapado por parte de la carga en el aterrizaje y pataleaba sin de dejar de insultar a quienes nos atacaron, al booleano, a la nave, a mí y al klingon. Por mi parte, la saqué barata, apenas unos magullones.
"Una vez en tierra, es necesario retirarse rápidamente a prudencial distancia del aparato, hasta asegurarse de que no existe peligro de explosión." Ayudé al klingon a liberar a Sor Chai y nos alejamos unos metros, hasta un pequeño claro.
Viendo que las heridas de mis compañeros no revestían gravedad, volví al pequeño carguero y, extinguidor en mano, apagué los focos de incendio. Tomé un trago de cerveza romulana y obligué a los otros a hacer lo mismo. K’rrupusamy se calmó bastante y se dedicó con espíritu maternal a limpiar las cortadas del ferengi. ¿Y ahora qué?

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 7

Sursum Corda Prime es, como dije antes, clase M; M de mierdoso. Un único continente de millones de kilómetros cuadrados de pura selva tropical virgen, atravesados por caudalosos ríos y pantanos, infectados de alimañas carniceras. Hacia el sur, existe una meseta, donde se han asentado los humanos. La latitud y la altitud han dotado de un clima benigno a la meseta.

Por el contrario, el calor, las copiosas lluvias y la permanente humedad configuran el ambiente esencial de la exuberante selva, muy densa, de unos 20 metros de altura, como promedio, aunque la copa de algunos árboles sobrepasa los 40 metros.

“Casi siempre es mejor permanecer en el sitio del accidente que salir en busca de ayuda.” Pronto cayó la noche y la jungla se llenó de ruidos, producidos por miles de bestias que mataban y morían. Como el inmenso follaje ocultaba a nuestra máquina de la visual de los posibles rescatistas, y, además extrañaba a Malandraca, decidí ponernos en marcha hacia el sur.
Recogimos todo aquello que nos pudiera ser útil, tal como raciones, espejo para señales, repelente, sogas, armas, etc. Respecto a las armas, debo aclarar que solo teníamos mi phaser. Así que improvisé tres lanzas con sendos tubos y fabriqué un cuchillo con parte del fuselaje. Fue inútil tratar de convencer al ferengi de que dejara un par de barras de lathinium, que insistió en llevar. Repartimos los efectos entre los tres y luego de dejar una nota en la cabina de la nave, partimos temprano.

La luz solar que se introduce en el interior de la selva, por ser esta tan densa, puede alcanzar un 40% de la exterior. Por ello el suelo es oscuro, húmedo y sombrío. Avanzábamos, sin ver más allá de 5 metros. En uno de los tantos cursos de agua que tuvimos que cruzar, el fondo estaba recubierto por un colchón de pequeñas raíces y plantas acuáticas que ocultaban una profundidad de más de cuatro metros. Sor Chai, desprevenido, pisó este falso fondo y sobrecargado por las barras, se hundió rapidamente. Me arrojé a las aguas y pude rescatarlo, pero se perdió la carga que llevaba, además del maldito lathinium que había insistido en cargar. Así que las raciones se redujeron. Perdimos cinco minutos sacándole las sanguijuelas que rápidamente se le habían adherido al cuerpo. ¡Pobre Sor Chai, tragó bastante agua!
Gracias al phaser pudimos prender un fuego, ya que la madera y hojarasca están siempre húmedas. El humo del fogón nos ayudó a ahuyentar a las nubes de insectos, parecidos a los mosquitos terrestres que nos acosaban. Esa noche, improvisamos una cama elevada o nido, en un árbol, ya que reptiles y hordas de hormigas recorren el piso de la selva.
Había salido el sol y estábamos aún dormidos, cuando un mamífero, parecido a un gran gato, se nos acercó con malas intenciones. Fue el chillido de un ave lo que alertó a K’rrupusamy y los chillidos de este nos alertaron a los demás. Este “gato”, tenía las patas traseras como las de cualquier felino pero las delanteras tenían dedos prensiles, una buena adaptación si uno se dedica a andar trepando árboles. Un disparo a baja potencia del phaser y el gato cayó atontado al suelo. Antes de poder incorporarse, un animal negro y peludo y con dos cuernos se le abalanzó, y de un mordiscón, le arrancó un buen pedazo. Apenas había comenzado este a disfrutar del bocado, cuando una serpiente, ancha como un tubo de Jeffries, se lo comió de un solo bocado. Luego de engullirlo, se alejó reptando entre el follaje. Nos quedamos los 3 boquiabiertos.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - Parte 9
¿Les hablé ya de la lluvia y la humedad? El ciclo en esta jungla endemoniada es así: llueve torrencialmente durante una hora, para, sale el sol, la humedad en forma de vapor se eleva, así que durante dos horas todo se vuelve brumoso, pegajoso, y luego vuelve a llover. Un verdadero asco.
Continuamos nuestra marcha y llegamos a la orilla de un río bastante torrentoso.
No encontramos un paso apto para vadearlo. A nuestro ferengi se le ocurrió la idea de armar una balsa. Con troncos y lianas se dio maña y en una hora pudimos ponerla en el agua. Estábamos cruzando cuando a nuestro lado apareció el lomo de un animal similar a una mantarraya, pero grande como un elefante. Un poco más cerca y nos tumba...
Si bien teníamos raciones alimenticias, Sor Chai no dejaba pasar la oportunidad de saborear los regordetes gusanos nativos, a los cuales buscaba debajo de los troncos putrefactos que abundan aquí. Por su lado, el klingon sintió el “llamado de la sangre ancestral” y logró lancear un animal, un marsupial de varios pares de patas. Lo asamos y debo reconocer que su carne era estupenda. Lo acompañamos con unas semillas grandes cocidas entre las brasas. Bebimos un trago cada uno de una mezcla de sintetol y jugos de fruta. Esto nos reconfortó y nos sentimos animados para continuar. Sin embargo, nuestro compañero ferengi, se quejaba de la picazón que le producían unas pequeñas ronchas rosadas, y no dejaba de rascarse su desnuda cabeza, a pesar de mis advertencias.
Al crepúsculo, nos encaramamos a unos promontorios rocosos a un par de metros del suelo. El ave que allí anidaba nos recibió a picotazos, pero finalmente se alejó, y encontramos los huevos que estaba empollando, de los cuales dimos cuenta antes de dormirnos.

La culpa la tuvo Malandraca - Relato trek - FINAL

Al despertar, noté que Sor Chai estaba muy brotado y tenía fiebre. La natural tendencia a rascarse de la víctima de picaduras de insectos posibilita contraer una infección. No se nada de fisiología ferengi, así que K’rrupusamy se encargó de aplicarle unos paños húmedos y le cedimos nuestras raciones de agua potable. Nosotros nos conformamos con beber un poco que logramos recoger y purificar.

Las rocas a las cuales subimos para dormir tranquilos (recuerden que el piso de la jungla es recorrido por ofidios e insectos de toda laya) marcan el comienzo de una elevación del terreno, que termina en la meseta del extremo sur. Turnándonos para ayudar a Sor Chai a caminar, fuimos avanzando lentamente cuesta arriba. Poco a poco se fue modificando la vegetación y la jungla dejó paso al bosque tropical, menos tupido.

Cerca del mediodía, nos encontramos con unas ruinosas construcciones, habitadas por la secta Fatisbiuty. Los Fatisbiuty son miembros de una secta neo-hedonista que pregona a la obesidad como camino a la perfección individual.

Imaginen nuestra alegría. Los Fatisbiuty nos recibieron muy bien, le aplicaron un ungüento de un hedor increíble a nuestro compañero ferengi y se comunicaron con las autoridades de Sursum Corda Prime.

Solo una hora después, un transporte llegaba a recogernos. Dormí todo el viaje hasta el espaciopuerto y al descender me encontré con mi amada Malandraca. Así terminó un viaje inolvidable.